Webinar online

¿Cuánto vale realmente una empresa?

Saber cuánto vale una empresa es una de las preguntas más importantes que puede hacerse un empresario, pero también una de las más difíciles de responder.

No existe una fórmula única ni una cifra universal.

En este webinar explicamos de forma práctica cómo se valora una pyme, qué métodos se utilizan, por qué el EBITDA tiene tanto peso en las operaciones de compraventa y qué factores pueden hacer que el múltiplo aumente o disminuya.

Fecha

16 de Julio 2026

Organizado por

Deale
Carlota Núñez

Carlota Núñez

Account Executive en Deale

Carlos Nieto

Carlos Nieto

Deal Success en Deale

David Serentill

David Serentill

Deal Success en Deale

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Valor y precio no son lo mismo

Una de las primeras distinciones que abordamos fue la diferencia entre valor y precio. Valor es una estimación — lo que un comprador podría estar dispuesto a pagar teniendo en cuenta criterios financieros, operativos y de mercado. Lo habitual es trabajar con un rango de valoración razonable, no con una cifra exacta. Precio es el resultado de una negociación — depende del número de compradores interesados, de la calidad del negocio, de las condiciones de la operación y del valor estratégico que la compañía tenga para un comprador concreto.

Entender esta diferencia es importante porque evita dos errores frecuentes: pensar que la valoración es un número fijo e inamovible, o asumir que cualquier cifra es negociable sin fundamento. La valoración establece el rango; la negociación determina dónde se cierra dentro de ese rango.

Del EBITDA contable al EBITDA que usa el comprador

El EBITDA es la métrica más utilizada para valorar pymes porque refleja la capacidad del negocio de generar beneficio operativo, independientemente de su estructura financiera. Pero el EBITDA contable no siempre representa la rentabilidad real y recurrente del negocio.

En una operación de M&A, el comprador construye un EBITDA ajustado que corrige las partidas que no representan el funcionamiento ordinario de la compañía: gastos personales del fundador imputados a la empresa, salarios de propietarios por encima o por debajo de mercado, alquileres entre partes vinculadas a precios no representativos, gastos extraordinarios e ingresos puntuales que no se repetirán. La finalidad no es inflar el resultado, sino entender qué rentabilidad generaría la empresa bajo una estructura normal y sostenible.

Qué hace que el múltiplo suba o baje

El múltiplo indica cuántas veces el EBITDA está dispuesto a pagar un comprador. El sector proporciona una referencia inicial, pero el múltiplo final depende sobre todo de la calidad del negocio y del riesgo percibido.

Los factores que justifican múltiplos más altos son los ingresos recurrentes, el crecimiento sostenido, una cartera de clientes diversificada, márgenes estables, un equipo directivo autónomo, procesos documentados, baja dependencia del fundador y oportunidades claras de crecimiento o internacionalización. También puede influir el valor estratégico para un comprador concreto — un industrial que captura sinergias puede pagar más que un financiero.

Los factores que reducen el múltiplo son la concentración excesiva de clientes, la dependencia del fundador, una información financiera poco fiable, resultados muy variables entre ejercicios, necesidades importantes de inversión, ausencia de segunda línea directiva y riesgos legales o fiscales sin resolver.

El múltiplo es, en definitiva, una forma de expresar el riesgo. Cuanto más predecible, autónoma y escalable sea la compañía, mejor múltiplo defenderá.

Los múltiplos que observamos en Deale en el primer semestre de 2026

Durante el webinar compartimos datos reales de la actividad en Deale. Entre los sectores con referencias más elevadas aparecía seguridad con un múltiplo aproximado de 6,8× EBITDA, seguido de minería, petróleo y gas alrededor de 6× y energía y servicios públicos con aproximadamente 5,4×.

Sectores como servicios de limpieza, distribución y comercio mayorista, finanzas y seguros y manufactura se situaban entre 4,2× y 4,9×. Comunicación y tecnología, servicios profesionales y educación aparecían alrededor de las 4× dentro de la muestra analizada.

Pero estos datos son referencias, no sentencias. Dos empresas del mismo sector pueden recibir múltiplos muy distintos. Una empresa de limpieza con contratos recurrentes, cartera diversificada y poca dependencia del propietario puede situarse en la parte alta del rango. Otra compañía similar pero con un cliente que representa el 60% de la facturación y una fuerte dependencia del fundador recibirá una valoración sensiblemente inferior.

Caso práctico: cuando un ajuste de 200.000 € mueve casi un millón en la valoración

Para cerrar utilizamos un caso práctico con una empresa ficticia, Tecnomant Servicios Industriales, que factura 5 millones de euros y presenta un EBITDA contable de 1,2 millones.

Al revisar las cuentas detectamos dos ajustes. El salario del propietario estaba por encima de lo que cobraría un directivo externo en condiciones de mercado — la diferencia era de 120.000 €, que se suman al EBITDA. El alquiler de las instalaciones, propiedad del socio, estaba por encima del precio de mercado — la diferencia de 80.000 € también se suma. Después de normalizar, el EBITDA pasaba de 1,2 a 1,4 millones de euros.

Con un rango de múltiplo de 4× a 5×, el Enterprise Value se situaba entre 5,6 y 7 millones. Para llegar al valor que perciben los accionistas había que restar la deuda financiera neta: 800.000 € de deuda bancaria menos 300.000 € de caja excedentaria. El Equity Value resultante quedaba entre 5,1 y 6,5 millones de euros.

Lo más revelador del ejercicio fue el efecto multiplicador. Los dos ajustes sumaban 200.000 € al EBITDA. Pero al aplicar el múltiplo, esos 200.000 se convertían en entre 800.000 y un millón de euros adicionales de Enterprise Value. Por eso ajustar correctamente el EBITDA antes de iniciar un proceso de venta es una de las decisiones con mayor retorno que puede tomar un empresario.

El valor se construye antes de venderla

La principal conclusión del webinar fue que valorar una compañía no consiste en aplicar mecánicamente un múltiplo a un EBITDA. Hay que entender qué EBITDA es realmente sostenible, qué riesgos existen, qué calidad tiene el negocio, qué perspectivas ofrece y qué compradores podrían estar interesados.

Conocer el valor no debería servir únicamente para saber cuánto podría venderse hoy. También permite identificar qué elementos pueden mejorarse para construir una compañía más valiosa en el futuro. Y esa es la idea central: el valor no empieza a negociarse cuando aparece un comprador. Se construye mucho antes.

Si quieres entender en detalle las fases completas de una operación de compraventa, cómo funciona la due diligence o cómo prepararte con las 6 claves antes de reunirte con compradores, hemos publicado guías prácticas sobre cada tema.

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