
La inversión de impacto ha pasado en pocos años de ser una estrategia minoritaria a convertirse en una asset class reconocida por instituciones, fondos de pensiones y family offices en toda Europa. Pero sigue arrastrando malentendidos: muchos inversores la confunden con ESG, otros asumen que implica renunciar a rentabilidad, y muy pocos saben cómo se mide el impacto en la práctica.
En este artículo te explicamos qué es exactamente la inversión de impacto, en qué se diferencia del ESG, qué retornos genera en España, cómo se estructuran los KPIs no financieros y qué tendencias están marcando el sector — con datos reales y citas de profesionales que llevan años operando en este espacio.
La inversión de impacto (o impact investing) es una estrategia que busca maximizar tres criterios simultáneamente: riesgo, rentabilidad e impacto social o medioambiental medible. A diferencia de la filantropía, no renuncia al retorno financiero. Y a diferencia de la inversión tradicional, no acepta que el capital sirva únicamente para generar más capital.
El término fue acuñado por la Fundación Rockefeller en 2007, aunque la práctica venía desarrollándose desde antes en Estados Unidos y Reino Unido. En España, la primera gestora dedicada exclusivamente a impacto fue Creas, fundada en 2008 como fundación y consolidada como gestora con el lanzamiento de su primer fondo institucional en 2018.
El requisito que separa a la inversión de impacto de cualquier otra estrategia es que el impacto debe estar intrínsecamente ligado al modelo de negocio: a mayor venta del producto o servicio, mayor impacto generado. Una empresa cuya rentabilidad y cuyo impacto crecen juntos es candidata; una empresa que solo aplica buenas prácticas operativas, no.
Para situar la inversión de impacto frente a otros tipos de estrategia, conviene visualizarla como un punto en una línea continua que va desde la filantropía pura hasta la inversión tradicional sin restricciones. Toca cualquier estrategia para ver detalles, retornos típicos y ejemplos:
Yo no quiero renunciar a una a favor de la otra. Lo que hago es, igual que se ha venido haciendo hasta ahora con el riesgo y la rentabilidad, le meto la vertiente del impacto y voy midiendo cómo maximizar los tres criterios." — Olivia Mosay, socia de Creas
Esta es la confusión más extendida del sector. El ESG es el cómo; el impacto es el qué.
Una empresa puede aplicar criterios ESG impecables —políticas de diversidad, conciliación, transparencia, eficiencia energética— y seguir vendiendo un producto neutro o incluso problemático. Una empresa de impacto, en cambio, vende un producto o servicio que genera por sí mismo el bien social o medioambiental que se persigue. El impacto está dentro de la operación, no en cómo se opera.
Una de las mayores barreras de entrada al sector ha sido la creencia, todavía extendida, de que invertir en impacto implica aceptar retornos por debajo del mercado. Los datos del sector demuestran que esta percepción es incorrecta.
La estrategia se mueve en tres rangos según el perfil del fondo:
Un ejemplo concreto del segundo grupo: el segundo fondo de Creas, cerrado en 2026 con 65 millones de euros sobre un objetivo inicial de 70 millones, opera con un objetivo de 2,5 veces neta. Es decir, retorno de mercado.
"Yo estoy en retorno de mercado. No significa que todo el mundo del impacto vaya a ese retorno, hay otros fondos que van a retornos más concesionales. Pero según la estrategia que tengas, juegas con los tres criterios y decides hacia cuál te orientas más." — Olivia Mosay, socia de Creas
La estrategia típica del segmento mid-market en España combina rondas Serie A, Serie B y early growth (compañías de 0-5 millones de facturación), con tickets que oscilan entre 1 y 8 millones según la fase.
La gran diferencia operativa entre un fondo de impacto y un fondo tradicional está en la medición. En el universo financiero clásico, el éxito se mide con dos números: TIR y múltiplo. En impacto, hay que añadir tres dimensiones adicionales:
Cada inversión incorpora KPIs específicos que se trabajan compañía a compañía y se incluyen en los objetivos del equipo directivo, no solo del fundador. Algunos ejemplos reales del sector:
El mecanismo más interesante para inversores es cómo estos KPIs se vinculan al carry del fondo. En el caso de Creas, el modelo es estricto:
"Si nosotros no alcanzamos un 80% de cumplimiento de los KPIs de impacto, no tenemos carry, cero. Aunque nos hayamos forrado a nivel rentabilidad, cero. Entre un 60 y un 80 es proporcional, y a partir de un 80 sí pasa a la parte financiera." — Olivia Mosay, socia de Creas
Es decir: aunque el fondo logre rentabilidad excelente, si no cumple los objetivos de impacto, los gestores no cobran. Es un nivel de alineación entre LPs y GPs que prácticamente no existe en el Private Equity tradicional.
Más allá del marco teórico, los fondos de impacto sostienen que tienen una ventaja real en la originación de oportunidades. La razón es simple: los fundadores que llevan años construyendo un proyecto con propósito abren puertas a inversores alineados que no abren a fondos tradicionales.
"No tiene absolutamente nada que ver pedirle una reunión a alguien que lleva 20 años dejándose el corazón en su empresa, siendo un fondo de impacto, sabiendo que vas a estar alineado con su misión, que no le vas a hacer cosas que no quiere hacer."
Esta dinámica se traduce en operaciones que un fondo tradicional difícilmente conseguiría sin pagar primas significativas. Es uno de los argumentos más potentes para defender que la estrategia de impacto puede generar alfa real en cartera, no solo cumplir un mandato de propósito.
A nivel de compañía, los datos del COVID también sugieren mayor resiliencia: los emprendedores con fuerte propósito demostraron pelear más por sus negocios cuando los tiempos se complicaron, mientras muchas startups tradicionales caían sin esa fuerza motivadora.
Tres áreas concentran hoy gran parte de la atención de los gestores de impacto españoles:
Salud mental adolescente. El suicidio es la primera causa de muerte entre adolescentes en países desarrollados. La oferta de centros sociosanitarios especializados en España es muy limitada y concentrada en grandes ciudades. Hay espacio para operadores que combinen tratamiento terapéutico con continuidad educativa, un modelo que apenas existe ni en sector público ni privado.
Vivienda asequible para clase trabajadora. El segmento de personas que trabajan pero no llegan a fin de mes es altísimo y tiene problemas serios de acceso a vivienda. Hay ayudas para los segmentos más vulnerables y soluciones de mercado para los más pudientes, pero el espacio intermedio carece de vehículos de inversión adecuados.
Economía circular y reacondicionado. Empresas que extienden el ciclo de vida de productos electrónicos, textiles y bienes de consumo. Es uno de los pocos segmentos donde el impacto medioambiental es medible y comparable euro a euro entre operaciones, lo que facilita la toma de decisiones de inversión.
Para inversores que quieren explorar la estrategia, hay tres vías principales:
En cualquiera de las tres vías, el consejo práctico más repetido por gestores experimentados es fijarse en las personas: la inversión de impacto requiere ejecutar planes complejos donde el alineamiento de propósito entre inversor y gestor (o entre fondo y fundador) es determinante. Si hay dudas sobre las intenciones reales de la otra parte, ese instinto suele acertar.
En el episodio 2x08 de Rainmaker —el podcast de Deale sobre M&A en España— hablamos en profundidad con Olivia Mosay, socia de Creas sobre todo lo que recoge este artículo: la estructura de su segundo fondo, casos reales de inversión (Desconecta, Goal Systems), cómo gestionan la dualidad impacto-rentabilidad en cartera, y qué consejos da a inversores que quieren entrar en este mundo.